jueves, 14 de febrero de 2008, a las 20.00 horas: Amalia Bautista
(Madrid, 1962)
Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y trabaja como redactora en el departamento de comunicación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha publicado Cárcel de amor (Renacimiento, Sevilla, 1988), La mujer de Lot y otros poemas (Llama de amor viva, Málaga, 1995), Cuéntamelo otra vez (La Veleta, Granada, 1999), La casa de la niebla. Antología (1985-2001), (Universitat de les Illes Balears, 2002), Hilos de seda (Renacimiento, Sevilla, 2003), Estoy ausente (Pre-Textos, Valencia, 2004), Pecados, en colaboración con Alberto Porlan (El Gaviero, Almería, 2005), Tres deseos. Poesía reunida (Renacimiento, Sevilla, 2006) y Luz del mediodía. Antología poética (Universidad de las Américas, Puebla, México, 2007).
Poemas suyos han aparecido en antologías como Una generación para Litoral (Litoral, Málaga, 1988), Poesia espanhola de agora (Relógio d'agua, Lisboa, 1997), Ellas tienen la palabra (Hiperión, Madrid, 1997), La poesía y el mar (Visor, Madrid, 1998), Raíz de amor (Alfaguara, Madrid, 1999), La generación del 99 (Nobel, Oviedo,
1999), Un siglo de sonetos en español (Hiperión, Madrid, 2000) o Con gioia e con tormento. Poesie autografe (Raffaelli Editore, Rimini, 2006). Ha sido traducida al italiano, portugués, ruso y árabe.
Para escuchar la lectura en vivo…
ALTOS MUROS
I
Altos muros. Siempre esos altos muros,
tan ásperos y duros como el odio,
cortándome el camino al horizonte.
No sé si al otro lado lo que espera
es un jardín o un foso, si me cierran
el paso hacia otra vida o a la muerte.
II
De poco vale que regrese a casa
y busque una escalera o gruesas sogas:
los muros crecen más que mis empeños
y siempre son más altos que mis fuerzas.
A veces, cuando creo estar tocando
su cima con la punta de mis dedos,
los muros se agigantan y me dejan
colgando en el vacío. Caigo al suelo
siempre del mismo lado, ante su burla
y ante la indiferencia de su sombra.
III
Aún no he descubierto si me impiden
salir o entrar, si lo que me han prohibido
es alcanzar la tierra prometida,
o tan sólo escapar de esta miseria
y arribar a la nada más terrible.
IV
Ninguna puerta existe en estos muros,
ni una pequeña grieta para el ojo,
ni un desnivel que invite a la escalada.
No sé si me protegen o encarcelan,
si son una advertencia o un castigo.
Son sólidos y oscuros como el odio.