Francisco Brines


Francisco Brines
jueves, 24 de abril de 2008, a las 20.30 horas: Francisco Brines

(Oliva, Valencia, 1932) es una de las figuras fundamentales de la poesía española contemporánea. Encuadrado en la generación del 50, junto a Claudio Rodríguez, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral o Ángel González, su obra poética se inicia en 1960 con Las brasas, libro al que seguirán Palabras a la oscuridad, Ensayo de una despedida, Insistencias en Luzbez, El otoño de las rosas, La última costa o Amada vida mía, por citar sólo unos pocos de sus títulos. También ha cultivado el ensayo (destacando sus Escritos sobre poesía española) y fue profesor en Cambridge y Oxford. Su poesía se caracteriza por la hondura reflexiva y el acento elegíaco, en una tradición que proviene de la poesía inglesa y francesa y recala en Luis Cernuda, configurando una obra que ha creado una fértil escuela en la poesía española reciente. Francisco Brines fue elegido miembro de la Real Academia Española en 2001, ocupando su asiento en 2006. Ha recibido los premios más importantes de nuestras letras, incluyendo el Adonais, el Nacional de la Crítica, el Nacional de Literatura, el Fastenrath y el Nacional de las Letras. Recientemente ha recibido un nuevo galardón, el Premio de Poesía Federico García Lorca.




 



EL TELÉFONO NEGRO


He marcado los números antiguos
Con un deseo vago de respuestas,
sabiendo ya que nadie me esperaba.
Con un deseo vano de oír voces amadas
y que reconocieran también ellos mi voz.
Mi teléfono es negro,
y en la noche, aún más negra,
sólo oía el sonido que llamaba a unas tumbas.
Y yo en mi casa solo.
Se rompe la mañana
En el turbio cristal. Va llegando el verano.
Cantan los pájaros (¿los mismos?),

Y no sé si hay consuelo.
Con la luz que desnuda amanece
Desnudo entre la cama,
y el teléfono suena.
Me apresuro. Le digo que me diga.
Sigue el silencio, y sé que están hablando.
¿Sale la voz de alguna boca muerta,
o acaso, de tan dolo, sólo hay en mí sordera?
Oigo otra vez los pájaros. Y sé que son los
mismos
Que cantaban entonces, tan frágiles y eternos.
Tengo que hablar. Con quién,
si no salen tampoco sonidos de mi boca.



ALOCUCIÓN PAGANA


¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.

Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a
los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.


LOS VERANOS


¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.

Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos sólo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.

Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!


FRANCISCO BRINES






Homepage
dG.
Hospes - Palacio de los Patos