Chantal Maillard


Julia Barella
Jueves, 12 de febrero 2009, a las 20.30 horas: Chantal Maillard

Chantal Maillard nació en Bruselas en 1951 y fue trasladada a Málaga cuando cumplió trece años. Por entonces ya había escrito una novela y se disponía a escribir otra. Leía todo lo que le caía en las manos. A los 14 años descubrió a los filósofos y a los quince a los poetas. Nunca más escribió una novela. Se doctoró en Filosofía y marchó a India para intentar averiguar si los filósofos griegos tenían antecedentes. No salió defraudada. En Benarés estudió filosofía y religiones indias. Vuelve a España y fue profesora titular de Estética en la Universidad de Málaga desde 1990 al 2000. También impartía clases de Filosofía y Estética Orientales. Lo que más le gusta es leer sus textos en
público. Dice que cuando lo hace se le olvida cualquier otra cosa.
No suele enviar sus libros a premios, sin embargo, y por lo que pide excusas, en el año 2004 recibió el Premio Nacional de Poesía por su obra Matar a Platón y en el 2008 el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Andalucía de la Crítica por Hilos.
Otros libros de poemas son Conjuros (2001), Lógica borrosa (2002, 2006), Hainuwele, (1990, 2002), Poemas a mi muerte (1994, 2005). Escribe poemas y ensayos, pero lo que más le gusta es la prosa reflexiva, es ésta la línea de sus diarios, que forman, por ahora, una trilogía: Filosofía en los días críticos. Diarios 1996-1998 (2001), Diarios indios (2005) y Husos. Notas al margen (2006). Está terminando un cuarto título: Bélgica. Sus ensayos han versado sobre temas de Estética y sobre
filosofías orientales: Rasa. El placer estético en la tradición india (1999), La razón estética (1998), La sabiduría como estética. China: confucianismo, budismo y taoísmo (1995), La creación por la metáfora. Introducción a la razón-poética (1992) son algunos de sus títulos. De próxima aparición:Contra el arte.



 




AQUÍ


Dime lo que he de hacer. Las palabras
se agolpan. Dime algo, dices, dice
él. A mí, me parece
que no dejo de hablar. No obstante,
cuando lo intento -dime, dice-, oigo
como un gemido, tan sólo un gemido
que arrastra el llanto.

Dime lo que he de hacer. Llévame a
donde me digan lo que he de
hacer. Sus ojos. Tus
ojos -¿tus?- sí,
cálidos ojos-lago, ojos-aquí.
Aquí, como los niños
y los idiotas. Por eso tus ojos,
para quedarme. Para
seguir aquí. Para aguardar
aquí. ¿Aguardar qué? No importa.
Para aguardar.

Ni dentro ni en superficie.
Aquí donde los niños
y los pobres de mente. Un aquí
que se prolonga en tus ojos sus ojos,
para poder quedarme.
Dime lo que he de hacer.
                                 Escribo

porque tal vez no hablo. No

me sueltes.




UNO


Uno.
Porque hay más.
Más están fuera.
Fuera de la habitación.
Fuera de las demás habitaciones.
Fuera de la casa.
La casa es demasiado grande.
Se extienden cuando duermo.
Porque también hay muchas.
Últimamente están deterioradas.
Húmedas. Ciegas.
Depende de los días.
Depende de las nubes.
También de las imágenes.
Sobre todo, depende de los hilos.

Partir es dar pasos fuera.
Fuera de la habitación.
De la mente, no:
no hay. Hay hilo.
Partir es dar pasos
fuera de la habitación con el hilo.
El mismo hilo.

A veces se rompe
el hilo. Porque es endeble,
o porque la otra habitación
está oscura. Sin
querer, tiramos de él y se rompe.

Entonces queda el silencio.
Pero no hay silencio.
No mientras se dice.
No lo hay. Hay hilo,
otro hilo.
La palabra silencio dentro.
Dentro de uno -¿uno?



                     (De: Hilos, 2007)







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