Vicente Gallego



Jueves, 10 de diciembre de 2009

Eduardo Chirinos (Lima-Perú, 1960). Es autor de los siguientes libros de poesía: Cuadernos de Horacio Morell (2006), Crónicas de un ocioso (1983), Archivo de huellas digitales (1985), Rituales del conocimiento y del sueño (1987), El libro de los encuentros (1988), Canciones del herrero del arca (1989), Recuerda, Cuerpo… (1991), El Equilibrista de Bayard Street (1998), Abecedario del Agua (2000), Breve historia de la música (I Premio Casa de América de Poesía, 2001), Escrito en Missoula (2003), No tengo ruiseñores en el dedo (2006) y Humo de incendios lejanos (2009). Con Mientras el lobo está obtuvo este año el XII Premio de Poesía Generación del 27.


 




EL DÍA EN QUE PERDIMOS A PLUTÓN

Le seguía en orden a Saturno (el que devoraba
a sus hijos) y a Urano (la bóveda del cielo).
Después de él no había nadie: la canción se
terminaba y otra vez comenzaba el silencio.
Era divertido memorizar planetas. Entonces
eran nueve (ni más ni menos que las musas)
y con un modesto telescopio se podían ver
algunas noches. Pero Plutón era imposible.
Su reino era el Hades. Allí vivía, refunfuñando
en un planeta que nadie se atrevía a visitar.
De niño lo imaginaba gigante y barbudo,
el más celoso e implacable guardián de
los infiernos. Por algo decían que no era
buen tipo. Su luna era Caronte y además
le había hecho esa maldad a Proserpina.
¿Qué era eso de raptarla y dejarnos en la
blanca miseria del invierno? Los astrónomos
son gente vengativa. Su reino duró apenas
unos años, casi los mismos que vivió mi padre.
El día en que perdimos a Plutón las tiendas
abrieron como siempre. Hacía un poco de frío.

                 Del libro inédito Mientras el lobo está






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