Medel
Jueves, 20 de septiembre de 2007: Elena Medel

Nació en Córdoba en 1985. Actualmente disfruta de una beca de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. Ha publicado los poemarios Mi primer bikini (Premio Andalucía Joven 2001; DVD, 2002), Vacaciones (El Gaviero, 2004) y Tara (DVD, 2006), así como relatos en Calle 20, Eñe o Cuentos eróticos de San Valentín (Tusquets, 2007). Traducida al árabe, inglés, italiano y portugués, sus poemas han aparecido en numerosas antologías. Colabora en diversos medios de comunicación, y es una de las coordinadoras de las actividades de agitación cultural de La Bella Varsovia.

 






ÁRBOL GENEALÓGICO

Yo pertenezco a una raza de mujeres con el corazón biodegradable.
Cuando una de nosotras muere
exhiben su cadáver en los parques públicos, los niños se acercan para curiosear en su
garganta de hojalata, se celebran festines con moscas y gusanos, me cae mal
porque me hizo sonreír a mí, que soy tan triste.
A los treinta días exactos de su muerte el cuerpo de esta extraordinaria raza
se autodestruye, y a las puertas de vuestras casas llaman los restos del alma de las
mujeres sobrenaturales,
chocan contra vuestras paredes, sus empastes y sus uñas agujerean vuestras ventanas
hasta que sangran nuestras aortas clavadas en la tierra, igual que las raíces.
Al morir nos abren el estómago, examinan con los dedos su interior, rebuscan entre las
vísceras el mapa del tesoro,
sacan sus dedos negros de todos los poemas que se nos han quedado dentro con los años.
Un espectáculo.
Pertenezco a una raza desarrollada más allá de los púlpitos. Soy una de ellas porque mi
corazón mancha al tomarlo entre las manos, porque coincide en tamaño con el
hueco de un nicho;
fresco y dulce como el de un animal, chupad mi corazón para que, al morir, sepan que
hemos estado juntos.
Soy una de ellas porque mi corazón será abono. Porque mi sangre, que es la suya, sube y
baja por mi cadáver como por escaleras mecánicas;
porque el fundamento de mi carácter, al descomponerse, se incorpora a una especie
salvaje
que ladra y que hiere y que te lleva a su terreno, que ignora las afrentas, que jamás se
extinguirá.



OFICIO DE POETA

Si yo fuera, de verdad, poeta, susurraría que el imperio de los zares es mi patria, y lo haría con tres horas de sueño y cuarenta de trabajo a mis espaldas. Mangas allá donde los muslos empiezan a definir mi edad y mis aficiones. Puños de encaje. Mis zapatos sobre mi vestido, tan hermoso (los hermanos Rossetti vuelven a estar de moda). El poder. Hablaría de árboles, gritaría oh, mi señor con
los ojos en blanco, tocaría mi cabeza con un sombrero, un rayo de colores me cruzaría la frente: mi vida consagrada a la Creación.
Todo eso ocurriría si yo fuera, de verdad, poeta.
Pero no distingo entre lágrima y jazmín. De hecho, extremo mis precauciones al tratar con el mundo de la conjunción adversativa. Jamás falto a mis revisiones médicas. Adoro las burbujas y el azúcar.
Aspiro al matrimonio. Descanso los domingos y festivos; al despertar me gusta tocar el cabecero de la cama con la punta de los dedos.
En más de una ocasión me pregunto qué hago aquí.







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