Mª Victoria Atencia


Mª Victoria Atencia
Jueves, 16 de abril de 2009: Mª Victoria Atencia

Nació en Málaga en 1931, destacada representante de
la generación de los años 50. Premio Nacional de la Crítica en 1998, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía la galardonó con el Premio Luis de Góngora de las Letras Andaluzas en el año 2000. Nunca ha concurrido a premios literarios.
En su haber hay obras como: Cañada de los ingleses (1961), Los sueños (1976), La pared contigua (1989), Las contemplaciones (1997) con la que ganó también el Premio de la Crítica Andaluza. El hueco (2003), donde resuenan ecos de sus viajes y lecturas. Casada con Rafael León, su guía y editor, y madre de 4 hijos.
Académica Numeraria de la Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga, y correspondiente de las de Cádiz, Córdoba, Sevilla y San Fernando, consejera del Centro Andaluz de las Letras, de la Fundación de la Generación del 27 (Málaga) y Honorary Associated de The Hispanic Society of América de Nueva York. Fue la primera mujer malagueña que obtuvo en su día el título de piloto de aviación y la primera mujer pregonera de la Semana Santa de su ciudad.
Nombrada Hija Predilecta de Andalucía en 2005, por su “depurada elegancia verbal y capacidad de síntesis”. En abril de ese mismo año la Diputación Provincial le entregó su Medalla de Oro.


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POEMAS DE DARALHORRA



LA LLAVE


Me despoja de mí el silencio en las torres
que una llave de piedra o de plata me abren,
y a las veras del agua se desnuda de aljófar
y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
una gota de aroma que sacude a la alberca.
Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.


DARALHORRA

La memoria del agua -no el agua- sostenía
las frágiles, antiguas columnas de alabastro
-o confundo los sitios-, y un perfume de cedro
-no el cedro- me invitaba a un patio en el que apenas
puse el pie, puse el alma -o confundo el instante-.
Mi perpetua exiliada, alma mía, de mí:
dame un quicio de apoyo, ten un nombre siquiera,
cíñame una granada su corona de layo.


MERCADILLO DE YERBAS

Me llevó hasta la plaza el rastro de un aroma
-o no: su densidad, confusamente envuelta-
y andaba hacia mi infancia y una sierra y un cauce
hasta dar contra el muro en que expuestas las yerbas
-amarillas, violadas, rosadas, antracitas-,
apenas disecadas, exhalan sus nombres
y proponían filtros para nombres heridos.


PUERTA DE LA JUSTICIA

Llevarme al arrayán perdida hasta tus patios,
olvidarme el ciprés, agredirme un aroma
de violeta, negarme su artesonado el cedro,
romper la luz el agua quebrada de tus fuentes,
rasgarme pecho abajo un pájaro que cruza,
amargarme tu aliento de granado en la boca
sin siquiera vivirme, sin tan volver siquiera.


LOS JERÓNIMOS

Por el día extendido hasta la puerta cesa
la hiriente luz del sur, contraria a los acantos.
Enceguezco un instante en el tránsito oscuro
y el orden del silencio me acoge con su frío.
Bajo la piedra antigua, orante en inscripciones,
un rumor de cenizas alienta con mis pasos.


SANTA ISABEL LA REAL


                                       Para Elena Martín Vivaldi

Más allá del cancel, baja con pie menudo
a un patio que le veda su luz al mediodía
ofreciendo a otra luz más alta su contento,
y el nombre del Amado y un corazón
sangrante
sobre la verde hoja de un limonero traza
sin rozar el silencio del pozo y la celinda.





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